«Qué mierdas hago aquí».
Estaba
en una fiesta, una de esas que a su
amigo le gustaba dar cada cierto tiempo, aunque había algo que no lo dejaba
disfrutar esa vez ¿y cómo puede alguien disfrutar cuando todo su mundo da
vueltas y regresa de golpe?
Hacía
varios días que se sentía mal, pero esa noche sentía que se moría; llevaba todo
el día con mareos y su garganta le dolía como si mil agujas le pasaran por
esta. Bueno, no tan exagerado, pero sí le dolía.
Su
ingrato novio no llegaba y, por
supuesto, a su amigo no podía decirle que se iba porque se sentía mal, le iba a
salir con lo mismo de la otra vez.
Suspiró.
¿Dónde estaría metido ese metro sinsentidos
cuando más lo necesitaba?
—Si fuera para coger ya estaría aquí —dijo al
aire. Menos mal que estaba solo y la música estaba fuerte, si aquel enano se
daba cuenta que había dicho eso... tal vez querría castigarlo y no estaba en
condiciones de recibir ningún castigo.
En un momento en el que cerró sus ojos, su
amigo se le acercó y se sentó a su lado.
—Aki-chan —dijo atrayéndole hacia sí.
—Shima, no, duele. Suelta —habló cuando aquel comenzó a zarandearlo de un lado a otro.
—Es que es tan aburrido ¿extrañas a tu enano? Sabes que yo puedo bailar contigo. —Le guiñó un ojo y se pegó más a él.
—Ya Shima, pareces chicle.
—¿Por sabroso?
—No, por pegajoso. —Su castaño-rubio amigo hizo un puchero—. Has bebido ¿verdad? —preguntó el rubio.
—Aki-chan —dijo atrayéndole hacia sí.
—Shima, no, duele. Suelta —habló cuando aquel comenzó a zarandearlo de un lado a otro.
—Es que es tan aburrido ¿extrañas a tu enano? Sabes que yo puedo bailar contigo. —Le guiñó un ojo y se pegó más a él.
—Ya Shima, pareces chicle.
—¿Por sabroso?
—No, por pegajoso. —Su castaño-rubio amigo hizo un puchero—. Has bebido ¿verdad? —preguntó el rubio.
—Un poquito.
—Un poquito en idioma Shima —intervino un
tercero que había llegado hasta allí buscado a su pareja.
—Amor~, Akira me dijo chicle —dijo yendo a
abrazar a su pareja.
—Hm... Pues, sí eres un poco pegajoso. —Sonrió
y su novio le vio con ojos asesinos. Akira trató de reír, pero no pudo —. ¿Qué
te pasa, Akira? Estás pálido. —Y para que alguien dijera eso en ese ambiente
tan oscuro que se encontraban, es porque en verdad estaba pálido.
—No me siento bien, Kai —habló lento el rubio
que de repente sentía que todo le daba vueltas de nuevo.
—¿Por qué lo trajiste? Debiste haberlo llevado
a su casa para que descansara —regañó a su pareja que hizo otro puchero en
respuesta.
—Akira necesita fiesta, hay que distraerlo,
porque ¿sabes?, está em-ba-ra-za-do. —Echó a reír luego de su gran cometario.
Akira, nuevamente, pensó en que su amigo era un estúpido, pero antes que
pudiera agregar algo, alguien más lo hizo por él:
—¿Quién
está em-ba-ra-za-do? —Una profunda y grave voz imitó el tono pastoso que tenía
el castaño-rubio por ir un tanto borracho.
Y
ahí estaba ese maldito enano que tan solo lo había dejado en sus últimas horas
de vida, sentía que ya podía morir feliz. Sí, así con tanta cursilería, por
supuesto no se la exteriorizaría.
—Akira
lo está. ¡Maldito enano te dije que usaras condón! —gritó el borracho y señaló
dramáticamente al «causante» de aquella situación. Todas las demás personas que
se encontraban en sus respectivos mundos se giraron al escuchar semejante
grito, algunos rieron, otros vieron extrañados aquella escena, pero luego de un
segundo todos volvieron a lo suyo, concluyendo lo mismo: así era Shima.
—Lo
siento. —Se disculpó Kai con el más bajo de ellos.
—No
hay problema.
—Taka
—susurró el rubio que se había hundido en el sillón con sus manos cubriéndole
el rostro, Kai tomó a su escandalosa pareja y se retiró para dejar solos a los
otros dos.
Takanori
se sentó en el sofá y atrajo a su rubio hacia él con delicadeza.
—¿Estás
bien? —Le preguntó en susurro.
—No
puedes aparecerte después de haberme dejado horas esperándote y sólo preguntarme
«¿estás bien?» ¿Dónde estabas? —Se separó de golpe de aquellos brazos que le
acogían, aunque eso hizo que se mareara un poco.
—Perdón,
es que. Tuve... un problema —susurró bajito, sabía que se merecía los reclamos
de su pareja y es que lo había dejado plantado—, m-mi celular se quedó sin
batería y tuve una reunión importante y muy larga y... y n-no pude avisarte,
perdón. —Bajó su rostro apenado, se sentía mal con toda esa situación.
—Pudiste
haber prestado un teléfono ¿no?
—Estaba
en una reunión con jefes. ¿Qué querías? ¿Que se lo pidiera a uno de ellos? «¿Me
presta su celular para llamar a mi novio?», estás loco.
—Te
esperé tres horas. Si me vas a invitar a comer para no aparecerte mejor no lo
hagas.
—Lo
siento. Ya no hablemos de eso, te voy a recompensar ¿sí? —Volvió a abrazarlo y
esta vez sí fue correspondido, en verdad se sentía mal.
—Te
salvas porque no estoy de humor para pelear.
«Aunque de todas formas siempre
te hubieras salvado».
Algunos
minutos después.
Se
frotaba las sienes con delicadeza, sentía que la cabeza le iba a explotar y
cada vez se mareaba más seguido. Escuchaba la plática de su amigo, que ya
estaba más borracho, sostenía con su pareja, pero no atendía a nada de lo que
decían.
Se
levantó con la sola intención de ir al baño y despejarse un poco, el estar en
un solo lugar lo estaba volviendo loco.
Supo
que se puso de pie.
Supo
que dio dos pasos.
Luego
de eso no supo nada.
Se
despertó lento con ese olor que le estaba matando su sentido del olfato, temía
jamás volver a oler algo. Tosió, la garganta le ardía horrores.
—¡Aki!
—Sintió el abrazo exagerado de Shima y como este lo movía de un lado a otro.
—Shima,
no hagas eso, se siente mal. —Ese había sido su novio. De pronto se dio cuenta
que estaba recostado en sus piernas.
—Aki,
¿estás bien? ¿Quieres que te llevemos al hospital? —Ya ni siquiera se escuchaba
su voz pastosa. El rubio sonrió y negó con su cabeza.
—¿Estás
seguro? —Fue Kai el que habló —. Yuu está de turno, supongo que podría
atenderte —concluyó.
—Creo
que mejor nos vamos a casa, Akira necesita descansar. —Otra vez la voz de su
novio.
«Sí, sácame de aquí, maldita
sea».
—Pueden
quedarse en la habitación de huéspedes, está ordena y todo, así Akira no se
incomoda durante el viaje.
—Supongo
que está bien, gracias. Entonces iré a acostarlo.
«Ni lo sueñes cariño».
—No
hables como si fueras mi madre, puedo hacerlo solo. —Se levantó y caminó con
toda la naturalidad que pudo reunir.
«Mierda cómo duele».
Se quedó parado un momento, se sentía muy
mareado. Takanori que iba tras él le tomó por la cintura y le ayudó a subir; se
sonrojó, pero no se opuso.
Su
pareja le recostó en la cama y rápidamente rodó bajo las sábanas para poder
dormirse.
—¿Sigues
molesto conmigo? —comentó el más bajo de ambos.
—No,
sólo quiero dormir —contestó.
—¿Sabes?
Shima me dijo que hace días no te sientes bien. ¿Por qué no me lo dices a mí?
Me preocupo por ti, Akira ¿y si es algo grave lo que tienes?
—Tranquilízate,
no se lo había dicho a nadie, se lo comenté hoy a Shima cuando fue a recogerme
porque alguien me citó y nunca apareció.
—Lo
siento.
—No
te preocupes. Recuéstate, me gusta que seas mi almohada.
Ambos
sonrieron.
—Shima
me ha dicho que estás embarazado. —Rio.
—Es
un idiota.
—Te
ha comprado una prueba.
—¿Qué?
—Sí, una de las que venden en las farmacias, dice que si te levantas al baño aproveches. —Volvió a reír.
—Estás disfrutando esto ¿verdad?
—Más o menos.
—Duérmete, idiota.
—Sí, una de las que venden en las farmacias, dice que si te levantas al baño aproveches. —Volvió a reír.
—Estás disfrutando esto ¿verdad?
—Más o menos.
—Duérmete, idiota.
—Tienes que admitir que es gracioso.
—Como no eres tú el enfermo.
—Lo siento. Duerme.
Ya no tuvo ni intención de contestarle algo más, se acomodó en su pecho y siguió aspirando ese aroma que lo llevaba a estar en paz.
—Como no eres tú el enfermo.
—Lo siento. Duerme.
Ya no tuvo ni intención de contestarle algo más, se acomodó en su pecho y siguió aspirando ese aroma que lo llevaba a estar en paz.
«Qué
cursi».
Sonrió y cerró sus ojos. Cursi o no, era
cierto.
Tiempo después despertó, necesitaba ir al baño.
Se levantó como si nada y salió al pasillo,
allí se dio cuenta que no estaba en su casa y recordó vagamente lo que había
pasado, aunque ya no se sentía tan mal.
Conocía la casa de su amigo, así que no le fue
problema encontrar el baño; sólo tuvo un problema, cada que se acercaba más a
este escuchaba ruidos extraños... ¿sería posible que aquellos dos estuviesen
cogiendo aun sabiendo que tenían visita? Sólo deseó que no lo estuvieran
haciendo en el baño, aunque no lo creyó posible ¿por qué hacerlo en el baño?
Llegó hasta allí y abrió la puerta con sigilo:
no había nadie. Entró a hacer sus necesidades y salió rápido, sentía algo
bastante extraño escuchando a sus amigos haciendo eso... Como si violara su
intimidad.
Regresó a la habitación y se acomodó de nuevo sobre
su almohada favorita. Se sentía mejor, deseó que cuando despertara de nuevo ya
no estuviese enfermo.
Antes de cerrar los ojos nuevamente, vio hacia
la mesita de noche y ahí estaba la dichosa prueba de embarazo. Bufó y se volvió
a acomodar.
«Estúpido
Shima».
Un resplandor molestoso le despertó, abrió los
ojos con lentitud y no supo dónde estaba ¿es que era el día de no saber dónde
despertaba? Observó bien el lugar y se dio cuenta que era un hospital.
«Maldito
enano».
Trató de levantarse, pero entonces agradeció
estar en un hospital. Le dolía todo.
«Mierda».
En ese momento entró alguien a la habitación,
era su amigo el doctorcito (como ellos le decían despectivamente porque era un
engreído de mierda porque había terminado la universidad y los otros no).
—Aki. ¿Cómo te sientes?
—De maravilla, creo que voy a ir a correr por
allí.
—Tú y tu sentido del humor, Akira. —Se sentó en
la cama en la que el otro yacía—. Dime, Akira ¿has tenido contacto últimamente
con alguien que no sea Takanori? Con contacto me refiero a eso que tú
entiendes.
«Puto
Yuu».
—No.
—Ah, bueno. Regresaré en otro momento a
informarte qué tienes. Espérame aquí.
—¿Y dónde más, estúpido?
Aquel médico salió con una sonrisa, sonrisa que
se ensanchó cuando llegó a la sala de espera y Takanori le había interceptado
para obtener información sobre el rubio.
—Taka, creo que deberíamos sentarnos —dijo
tomándolo del brazo para llevarlo a una de las sillas, Takanori casi se pone a
llorar allí mismo—. Verás Taka, lo que te diré a continuación quiero que lo
escuches atentamente ¿entendiste? —Takanori asintió—. Bien, pues verás, luego
de varios exámenes he llegado a la conclusión que Akira... —hizo suspenso.
—¿Qué, Yuu? ¿Qué tiene? —habló desesperado el
castaño.
—Él... él está embarazado, Taka. Vas a ser
papá. —No pudo evitar sus carcajadas mientras Takanori casi lo fulminaba con la
mirada.
—Eres un estúpido. ¿Cómo se te ocurre jugar con
eso? ¿Ya botaste tu ética o qué?
—Ya. Tranquilízate; lo siento fue muy gracioso,
debiste ver tu cara.
—Eres un idiota. ¿Me vas a decir qué tiene sí o
no?
—Relájate enano, aún no están los resultados de
los exámenes.
—Como me vuelvas a decir enano te juro que…
—Disculpe señor pero que el lenguaje que usted
intenta utilizar está prohibido en este lugar, por favor absténgase. —Se
levantó diciendo eso en voz alta para que todas las personas escucharan y se
fue. Sólo quería dejar en ridículo a su amigo… y lo logró.
Varias horas después, con el diagnostico de
Yuu, un frasquito de ibuprofeno y varias compresas frías, estaban de regreso en
casa.
Takanori no había ido a trabajar, algo que
tenía muy feliz a Akira.
Desde que le contó que en la mañana no
reaccionaba y que tenía la fiebre muy alta, se había asustado y por eso lo
llevó al hospital.
«Puto
enano, cómo te amo».
El timbre sonó y el puto enano se dirigió a
abrir la puerta, tenía la leve idea de quién sería.
—¿Cómo está Akira? ¿Se murió? —preguntó
desesperado el castaño-rubio al entrar al departamento de sus amigos.
—No, Shima —respondió Takanori apacible, él y
Kai suspiraron casi al mismo tiempo ¿cuándo cambiaría Shima?
El alto se dirigió hasta el cuarto donde estaba
su amigo y se le tiró encima.
—Shima, ¿qué te pasa?... no, para, espera… me
duele. ¡Taka! —Terminó por hacer eso tan vergonzoso para él, que era pedir
ayuda, Shima se le estaba restregando por todo el cuerpo y él, bueno él no
estaba con la mejor postura para quitárselo de encima.
—Ya, Shima, deja a Akira, necesita descansar.
—Su pareja lo tomó del brazo y lo hizo levantarse.
Su actitud podría parecer infantil, pero se
había preocupado… y mucho.
—¿Y qué será? Si es niño debes ponerle Kouyou,
como su tío —bromeó, otra vez con lo del embarazo.
—Cállate, Shima, no estoy de humor.
—Oh, pero es un nombre muy bonito.
—¿Qué dijo Yuu? —preguntó Kai.
—Después de algunos exámenes nos dijo que Akira
tenía mononucleosis.
—¿Y por qué no tienes tú?
Takanori iba a responder, pero entonces Shima
interrumpió de nuevo.
—¿Mono qué?
—Mononucleosis, le dicen enfermedad del beso
—contesto su novio.
—Pero aun así, tienes que hacerte la prueba de
embarazo, Akira. Mira. Te compré otra. —Le mostró la cajita.
—Shima, si tanto quieres joder por qué no te la
haces tú. De seguro a ti sí te sale positiva.
—¡Oye! ¿Qué estás insinuando? Tú crees que Kai…
Sí, claro.
—¡Hey!
—Y por qué aseguras que Taka…
«Mierda,
no puedo decirlo».
—Y quién va a decir lo contrario. —Ese fue
Takanori.
«Supongo
que nadie, pero nunca lo aceptaré».
—Bueno, pero ¿por qué no estás contagiado,
Takanori? ¿Acaso Akira te engaña?
—Yuu dijo que probablemente yo ya la tuve y eso
me hace inmune… pero no sé si Akira me engaña.
«Jodan
al enfermo, adelante, es diversión gratis».
—Y no lo vas a saber.
—Yaaaaaaa~ Aki, ve al baño y háztela, de todas formas va a salir
negativa ¿no?
—¿Te das cuenta que has malgastado tu dinero?
—Es barata. Anda Aki.
—No, háztela tú.
—Enfermo eres tan aburrido.
Se metió al baño que estaba en la habitación,
todo lo vieron divertido y Kai sintió por un momento que debía dejar a aquellos
dos solos. Se fue siguiendo los pasos de su novio.
—Sé que no me engañas.
—Pues sigue creyendo.
«A
veces eres tan tonto».
—No sé si tomarme eso a bien.
—Llevamos juntos tres años, ¿no crees que si
quisiera engañarte ya lo habría hecho? Deja de pensar tonterías.
—Te amo, Akira.
Su pareja le besó tiernamente, él se dejó
llevar.
«Maldito,
por qué me haces esto».
—Yo también.
Takanori sonrió feliz. Debía agradecer las
veces que Akira le exteriorizaba sus sentimientos.
—¡Oigan! ¿Por qué se tardan tanto?
Luego de ese grito proferido por Takanori,
Kouyou salió hecho un mar de lágrimas del baño, Kai venía tras él suspirando y
negando con su cabeza.
—¿Qué te pasa? —Fue el rubio el que preguntó.
—Es que… es que… Akira —rompió nuevamente en
llanto.
—¡¿Qué?!
—Es que la prueba… la prueba…
—¿Sí?
—¡Salió positivo!
No hizo falta más para que los otros dos
echaran a reír, también Kai, que bien se había aguantado la risa al ver la
aflicción de su pareja.
—Ahora puedes ponerle Kouyou, tú.
Akira rio, a pesar que se sentía mal, agradecía
no estar solo, aunque las personas a su alrededor le daban dolores de cabeza
frecuentes, él las apreciaba y apreciaba mucho más a aquel que le sostenía su
mano con fuerza, aquel que ocupaba cada poro de su cuerpo.
«Te
amo, Taka».
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