martes, 2 de julio de 2013

Pregnancy test


«Qué mierdas hago aquí».

Estaba en una fiesta, una de esas  que a su amigo le gustaba dar cada cierto tiempo, aunque había algo que no lo dejaba disfrutar esa vez ¿y cómo puede alguien disfrutar cuando todo su mundo da vueltas y regresa de golpe?

Hacía varios días que se sentía mal, pero esa noche sentía que se moría; llevaba todo el día con mareos y su garganta le dolía como si mil agujas le pasaran por esta. Bueno, no tan exagerado, pero sí le dolía.
Su ingrato  novio no llegaba y, por supuesto, a su amigo no podía decirle que se iba porque se sentía mal, le iba a salir con lo mismo de la otra vez.
Suspiró.
¿Dónde estaría metido ese metro sinsentidos cuando más lo necesitaba?
—Si fuera para coger ya estaría aquí —dijo al aire. Menos mal que estaba solo y la música estaba fuerte, si aquel enano se daba cuenta que había dicho eso... tal vez querría castigarlo y no estaba en condiciones de recibir ningún castigo.

En un momento en el que cerró sus ojos, su amigo se le acercó y se sentó a su lado.
—Aki-chan —dijo atrayéndole hacia sí.
—Shima, no, duele. Suelta —habló cuando aquel comenzó a zarandearlo de un lado a otro.
—Es que es tan aburrido ¿extrañas a tu enano? Sabes que yo puedo bailar contigo. —Le guiñó un ojo y se pegó más a él.
—Ya Shima, pareces chicle.
—¿Por sabroso?
—No, por pegajoso. —Su castaño-rubio amigo hizo un puchero—. Has bebido ¿verdad? —preguntó el rubio.
—Un poquito.
—Un poquito en idioma Shima —intervino un tercero que había llegado hasta allí buscado a su pareja.
—Amor~, Akira me dijo chicle —dijo yendo a abrazar a su pareja.
—Hm... Pues, sí eres un poco pegajoso. —Sonrió y su novio le vio con ojos asesinos. Akira trató de reír, pero no pudo —. ¿Qué te pasa, Akira? Estás pálido. —Y para que alguien dijera eso en ese ambiente tan oscuro que se encontraban, es porque en verdad estaba pálido.
—No me siento bien, Kai —habló lento el rubio que de repente sentía que todo le daba vueltas de nuevo.
—¿Por qué lo trajiste? Debiste haberlo llevado a su casa para que descansara —regañó a su pareja que hizo otro puchero en respuesta.
—Akira necesita fiesta, hay que distraerlo, porque ¿sabes?, está em-ba-ra-za-do. —Echó a reír luego de su gran cometario. Akira, nuevamente, pensó en que su amigo era un estúpido, pero antes que pudiera agregar algo, alguien más lo hizo por él:
—¿Quién está em-ba-ra-za-do? —Una profunda y grave voz imitó el tono pastoso que tenía el castaño-rubio por ir un tanto borracho.
Y ahí estaba ese maldito enano que tan solo lo había dejado en sus últimas horas de vida, sentía que ya podía morir feliz. Sí, así con tanta cursilería, por supuesto no se la exteriorizaría.
—Akira lo está. ¡Maldito enano te dije que usaras condón! —gritó el borracho y señaló dramáticamente al «causante» de aquella situación. Todas las demás personas que se encontraban en sus respectivos mundos se giraron al escuchar semejante grito, algunos rieron, otros vieron extrañados aquella escena, pero luego de un segundo todos volvieron a lo suyo, concluyendo lo mismo: así era Shima.
—Lo siento. —Se disculpó Kai con el más bajo de ellos.
—No hay problema.
—Taka —susurró el rubio que se había hundido en el sillón con sus manos cubriéndole el rostro, Kai tomó a su escandalosa pareja y se retiró para dejar solos a los otros dos.
Takanori se sentó en el sofá y atrajo a su rubio hacia él con delicadeza.
—¿Estás bien? —Le preguntó en susurro.
—No puedes aparecerte después de haberme dejado horas esperándote y sólo preguntarme «¿estás bien?» ¿Dónde estabas? —Se separó de golpe de aquellos brazos que le acogían, aunque eso hizo que se mareara un poco.
—Perdón, es que. Tuve... un problema —susurró bajito, sabía que se merecía los reclamos de su pareja y es que lo había dejado plantado—, m-mi celular se quedó sin batería y tuve una reunión importante y muy larga y... y n-no pude avisarte, perdón. —Bajó su rostro apenado, se sentía mal con toda esa situación.
—Pudiste haber prestado un teléfono ¿no?
—Estaba en una reunión con jefes. ¿Qué querías? ¿Que se lo pidiera a uno de ellos? «¿Me presta su celular para llamar a mi novio?», estás loco.
—Te esperé tres horas. Si me vas a invitar a comer para no aparecerte mejor no lo hagas.
—Lo siento. Ya no hablemos de eso, te voy a recompensar ¿sí? —Volvió a abrazarlo y esta vez sí fue correspondido, en verdad se sentía mal.
—Te salvas porque no estoy de humor para pelear.
«Aunque de todas formas siempre te hubieras salvado».

Algunos minutos después.
Se frotaba las sienes con delicadeza, sentía que la cabeza le iba a explotar y cada vez se mareaba más seguido. Escuchaba la plática de su amigo, que ya estaba más borracho, sostenía con su pareja, pero no atendía a nada de lo que decían.
Se levantó con la sola intención de ir al baño y despejarse un poco, el estar en un solo lugar lo estaba volviendo loco.
Supo que se puso de pie.
Supo que dio dos pasos.
Luego de eso no supo nada.
Se despertó lento con ese olor que le estaba matando su sentido del olfato, temía jamás volver a oler algo. Tosió, la garganta le ardía horrores.
—¡Aki! —Sintió el abrazo exagerado de Shima y como este lo movía de un lado a otro.
—Shima, no hagas eso, se siente mal. —Ese había sido su novio. De pronto se dio cuenta que estaba recostado en sus piernas.
—Aki, ¿estás bien? ¿Quieres que te llevemos al hospital? —Ya ni siquiera se escuchaba su voz pastosa. El rubio sonrió y negó con su cabeza.
—¿Estás seguro? —Fue Kai el que habló —. Yuu está de turno, supongo que podría atenderte —concluyó.
—Creo que mejor nos vamos a casa, Akira necesita descansar. —Otra vez la voz de su novio.
«Sí, sácame de aquí, maldita sea».
—Pueden quedarse en la habitación de huéspedes, está ordena y todo, así Akira no se incomoda durante el viaje.
—Supongo que está bien, gracias. Entonces iré a acostarlo.
«Ni lo sueñes cariño».
—No hables como si fueras mi madre, puedo hacerlo solo. —Se levantó y caminó con toda la naturalidad que pudo reunir.
«Mierda cómo duele».
 Se quedó parado un momento, se sentía muy mareado. Takanori que iba tras él le tomó por la cintura y le ayudó a subir; se sonrojó, pero no se opuso.
Su pareja le recostó en la cama y rápidamente rodó bajo las sábanas para poder dormirse.
—¿Sigues molesto conmigo? —comentó el más bajo de ambos.
—No, sólo quiero dormir —contestó.
—¿Sabes? Shima me dijo que hace días no te sientes bien. ¿Por qué no me lo dices a mí? Me preocupo por ti, Akira ¿y si es algo grave lo que tienes?
—Tranquilízate, no se lo había dicho a nadie, se lo comenté hoy a Shima cuando fue a recogerme porque alguien me citó y nunca apareció.
—Lo siento.
—No te preocupes. Recuéstate, me gusta que seas mi almohada.
Ambos sonrieron.
—Shima me ha dicho que estás embarazado. —Rio.
—Es un idiota.
—Te ha comprado una prueba.
—¿Qué?
—Sí, una de las que venden en las farmacias, dice que si te levantas al baño aproveches. —Volvió a reír.
—Estás disfrutando esto ¿verdad?
—Más o menos.
—Duérmete, idiota.
—Tienes que admitir que es gracioso.
—Como no eres tú el enfermo.
—Lo siento. Duerme.
Ya no tuvo ni intención de contestarle algo más, se acomodó en su pecho y siguió aspirando ese aroma que lo llevaba a estar en paz. 

«Qué cursi».

Sonrió y cerró sus ojos. Cursi o no, era cierto.
Tiempo después despertó, necesitaba ir al baño.
Se levantó como si nada y salió al pasillo, allí se dio cuenta que no estaba en su casa y recordó vagamente lo que había pasado, aunque ya no se sentía tan mal.
Conocía la casa de su amigo, así que no le fue problema encontrar el baño; sólo tuvo un problema, cada que se acercaba más a este escuchaba ruidos extraños... ¿sería posible que aquellos dos estuviesen cogiendo aun sabiendo que tenían visita? Sólo deseó que no lo estuvieran haciendo en el baño, aunque no lo creyó posible ¿por qué hacerlo en el baño?
Llegó hasta allí y abrió la puerta con sigilo: no había nadie. Entró a hacer sus necesidades y salió rápido, sentía algo bastante extraño escuchando a sus amigos haciendo eso... Como si violara su intimidad.
Regresó a la habitación y se acomodó de nuevo sobre su almohada favorita. Se sentía mejor, deseó que cuando despertara de nuevo ya no estuviese enfermo.
Antes de cerrar los ojos nuevamente, vio hacia la mesita de noche y ahí estaba la dichosa prueba de embarazo. Bufó y se volvió a acomodar.
«Estúpido Shima».
Un resplandor molestoso le despertó, abrió los ojos con lentitud y no supo dónde estaba ¿es que era el día de no saber dónde despertaba? Observó bien el lugar y se dio cuenta que era un hospital.
«Maldito enano».
Trató de levantarse, pero entonces agradeció estar en un hospital. Le dolía todo.
«Mierda».
En ese momento entró alguien a la habitación, era su amigo el doctorcito (como ellos le decían despectivamente porque era un engreído de mierda porque había terminado la universidad y los otros no).
—Aki. ¿Cómo te sientes?
—De maravilla, creo que voy a ir a correr por allí.
—Tú y tu sentido del humor, Akira. —Se sentó en la cama en la que el otro yacía—. Dime, Akira ¿has tenido contacto últimamente con alguien que no sea Takanori? Con contacto me refiero a eso que tú entiendes.
«Puto Yuu».
—No.
—Ah, bueno. Regresaré en otro momento a informarte qué tienes. Espérame aquí.
—¿Y dónde más, estúpido?
Aquel médico salió con una sonrisa, sonrisa que se ensanchó cuando llegó a la sala de espera y Takanori le había interceptado para obtener información sobre el rubio.
—Taka, creo que deberíamos sentarnos —dijo tomándolo del brazo para llevarlo a una de las sillas, Takanori casi se pone a llorar allí mismo—. Verás Taka, lo que te diré a continuación quiero que lo escuches atentamente ¿entendiste? —Takanori asintió—. Bien, pues verás, luego de varios exámenes he llegado a la conclusión que Akira... —hizo suspenso.
—¿Qué, Yuu? ¿Qué tiene? —habló desesperado el castaño.
—Él... él está embarazado, Taka. Vas a ser papá. —No pudo evitar sus carcajadas mientras Takanori casi lo fulminaba con la mirada.
—Eres un estúpido. ¿Cómo se te ocurre jugar con eso? ¿Ya botaste tu ética o qué?
—Ya. Tranquilízate; lo siento fue muy gracioso, debiste ver tu cara.
—Eres un idiota. ¿Me vas a decir qué tiene sí o no?
—Relájate enano, aún no están los resultados de los exámenes.
—Como me vuelvas a decir enano te juro que…
—Disculpe señor pero que el lenguaje que usted intenta utilizar está prohibido en este lugar, por favor absténgase. —Se levantó diciendo eso en voz alta para que todas las personas escucharan y se fue. Sólo quería dejar en ridículo a su amigo… y lo logró.

Varias horas después, con el diagnostico de Yuu, un frasquito de ibuprofeno y varias compresas frías, estaban de regreso en casa.
Takanori no había ido a trabajar, algo que tenía muy feliz a Akira.
Desde que le contó que en la mañana no reaccionaba y que tenía la fiebre muy alta, se había asustado y por eso lo llevó al hospital.
«Puto enano, cómo te amo».
El timbre sonó y el puto enano se dirigió a abrir la puerta, tenía la leve idea de quién sería.
—¿Cómo está Akira? ¿Se murió? —preguntó desesperado el castaño-rubio al entrar al departamento de sus amigos.
—No, Shima —respondió Takanori apacible, él y Kai suspiraron casi al mismo tiempo ¿cuándo cambiaría Shima?
El alto se dirigió hasta el cuarto donde estaba su amigo y se le tiró encima.
—Shima, ¿qué te pasa?... no, para, espera… me duele. ¡Taka! —Terminó por hacer eso tan vergonzoso para él, que era pedir ayuda, Shima se le estaba restregando por todo el cuerpo y él, bueno él no estaba con la mejor postura para quitárselo de encima.
—Ya, Shima, deja a Akira, necesita descansar. —Su pareja lo tomó del brazo y lo hizo levantarse.
Su actitud podría parecer infantil, pero se había preocupado… y mucho.
—¿Y qué será? Si es niño debes ponerle Kouyou, como su tío —bromeó, otra vez con lo del embarazo.
—Cállate, Shima, no estoy de humor.
—Oh, pero es un nombre muy bonito.
—¿Qué dijo Yuu? —preguntó Kai.
—Después de algunos exámenes nos dijo que Akira tenía mononucleosis.
—¿Y por qué no tienes tú?
Takanori iba a responder, pero entonces Shima interrumpió de nuevo.
—¿Mono qué?
—Mononucleosis, le dicen enfermedad del beso —contesto su novio.
—Pero aun así, tienes que hacerte la prueba de embarazo, Akira. Mira. Te compré otra. —Le mostró la cajita.
—Shima, si tanto quieres joder por qué no te la haces tú. De seguro a ti sí te sale positiva.
—¡Oye! ¿Qué estás insinuando? Tú crees que Kai… Sí, claro.
—¡Hey!
—Y por qué aseguras que Taka…
«Mierda, no puedo decirlo».
—Y quién va a decir lo contrario. —Ese fue Takanori.
«Supongo que nadie, pero nunca lo aceptaré».
—Bueno, pero ¿por qué no estás contagiado, Takanori? ¿Acaso Akira te engaña?
—Yuu dijo que probablemente yo ya la tuve y eso me hace inmune… pero no sé si Akira me engaña.
«Jodan al enfermo, adelante, es diversión gratis».
—Y no lo vas a saber.
—Yaaaaaaa~ Aki, ve al  baño y háztela, de todas formas va a salir negativa ¿no?
—¿Te das cuenta que has malgastado tu dinero?
—Es barata. Anda Aki.
—No, háztela tú.
—Enfermo eres tan aburrido.
Se metió al baño que estaba en la habitación, todo lo vieron divertido y Kai sintió por un momento que debía dejar a aquellos dos solos. Se fue siguiendo los pasos de su novio.
—Sé que no me engañas.
—Pues sigue creyendo.
«A veces eres tan tonto».
—No sé si tomarme eso a bien.
—Llevamos juntos tres años, ¿no crees que si quisiera engañarte ya lo habría hecho? Deja de pensar tonterías.
—Te amo, Akira.
Su pareja le besó tiernamente, él se dejó llevar.
«Maldito, por qué me haces esto».
—Yo también.
Takanori sonrió feliz. Debía agradecer las veces que Akira le exteriorizaba sus sentimientos.
—¡Oigan! ¿Por qué se tardan tanto?
Luego de ese grito proferido por Takanori, Kouyou salió hecho un mar de lágrimas del baño, Kai venía tras él suspirando y negando con su cabeza.
—¿Qué te pasa? —Fue el rubio el que preguntó.
—Es que… es que… Akira —rompió nuevamente en llanto.
—¡¿Qué?!
—Es que la prueba… la prueba…
—¿Sí?
—¡Salió positivo!
No hizo falta más para que los otros dos echaran a reír, también Kai, que bien se había aguantado la risa al ver la aflicción de su pareja.
—Ahora puedes ponerle Kouyou, tú.
Akira rio, a pesar que se sentía mal, agradecía no estar solo, aunque las personas a su alrededor le daban dolores de cabeza frecuentes, él las apreciaba y apreciaba mucho más a aquel que le sostenía su mano con fuerza, aquel que ocupaba cada poro de su cuerpo.
«Te amo, Taka».


  

miércoles, 12 de junio de 2013

Dama de noche


Tan ansiada es esta hora del día para mí, cuento desesperado una tras otra hasta que llega el momento en ver aquella magnifica imagen.

Aquella maceta es el único recuerdo físico que tengo de él… mi vida en casa gira en torno a cuidarla y protegerla, tanto como lo hubiese cuidado a él.

En uno de tantos viajes que había tenido a América la adquirió y la trajo hasta a mí, dijo que era para que aprendiera a ser responsable, siempre que la encontraba descuidada, me castigaba no hablándome por dos días… no sé cuál era su manía, pero siempre fueron dos días; hasta que comencé a pensar que no lograba nada con eso y fui poniendo más atención en el cuidado de esta planta.

Esta fue recuperando su vida y creció tanto como no lo había hecho en medio año que llevaba de tenerla, debía esperar hasta la noche para poder ver sus flores en todo su esplendor y admirar aquel aroma que, aún hoy, me deja embobado… así como con él, debía esperar a la noche para estar en compañía de esa admirable persona sin obstáculo alguno; para amarlo sin reparo de lo que dijera el mundo.

Justo en este momento en el que poso las yemas de mis dedos sobre estos delicados pétalos, le recuerdo… recuerdo cuando hacía lo mismo con él, con mi amado Takanori, tan delicado que a veces me daba miedo dañarlo, aquella piel tan pálida que recorrí una y otra vez con mis dedos… se sentía así de suave como estos pétalos blancos, esta corola tan amarillenta que me recuerda sus rubios cabellos teñidos, hermosos, atrayentes, cumplían a la perfección la función de esta corola: atraer.

Eso pasaba siempre que mi Taka iba de aquí a allá, la gente no lo aceptaba, como a esta hermosa planta, lo excluían, como a esta planta se le debe excluir para que no acabe con  las demás. Probablemente todos tenían ese miedo, hasta yo acepto haberlo tenido en algún momento… Takanori era tan hermoso y poderoso a la vez que a cualquiera le daba miedo acercarse por miedo a ser devorado por tanta majestuosidad que le acompañaba a mi amado a cada lugar donde iba.

Eso es a lo que los seres humanos llaman envidia ¿verdad? Pero a él no le importaba, él sólo estaba para mí, le importaba sólo lo que yo pensaba… qué dichoso de mí, aunque en aquel momento no supe apreciarlo como debí.

Mucha gente me lo dijo «Takanori terminará absorbiéndote» eso era  lo que más deseaba, que Takanori me extinguiera con su belleza de este mundo.

Recuerdo las tantas noches que regué esta planta en su compañía, me decía cómo hacerlo y se quedaba para cerciorarse que yo lo hiciera bien, debo confesar, a veces sentía miedo de hacerlo mal; y es que él ponía una mirada tan seria, altanera,  sumamente penetrante cuando me veía haciendo esta tarea que ahora realizo en soledad… no, no creo que sea en soledad, aún  siento esa mirada en mí que me dice que debo hacerlo bien… sino, él no me hablará en dos días… como en aquellos tiempos cuando era tan irresponsable.

Quizás Takanori quería prepararme, sabía que se iría de mi lado y sabía que yo era un chiquillo malcriado que contestaba negativamente a todo y que aparte sentía una apatía hacia el mundo tremenda, debió haber querido enseñarme el sentido de responsabilidad… y lo hizo con esta planta, planta que ahora es mi única compañía, la única que me importa mantener y es que en ella reside la esencia de Takanori… tan hermosa y tan dañina para los demás de su especie, pero una vez llegada la noche mostraban su belleza sólo para los que eran merecedores de verla… en este caso, yo tuve ese privilegio.

Mis padres se extrañan  que yo aún cuide tanto a esta planta, saben que Takanori lo trajo de sus viajes y que a él le gustaba mucho… pero no saben de la promesa que le hice al pie de esa cama de hospital un año atrás.

«La cuidaré, vivirá conmigo siempre… no la dejaré morir».

Nunca me importó ser opacado por él… aún ahora surgen ciertas comparaciones de vez en cuando por nuestros padres, pero él era así, mi hermano era así… tan perfecto que nadie podrá alcanzarlo… y yo, Ryoga, mucho menos; pero sé que él me amaba así, con más defectos que virtudes… sé que la gente se preguntaba por qué éramos tan diferentes siendo hermanos… «Es una locura que dos hermanos sean iguales, ni los gemelos lo son», me contestó una de las tantas veces en las que yo lloraba porque quería ser como él; era un chiquillo ingenuo.

Ah, Takanori; esta planta terminó significando más para mí de lo que creí, esa era tu intención ¿verdad?

Esta dama de noche es especial en mi vida, así como Takanori lo es.

Mi Takanori era tan hermoso y dañino a la vez, con una esencia tan embriagante que hipnotizaba a cualquiera.


Como esta planta… esta hermosa planta que ahora reluce sus flores para mí.