Tan ansiada es esta hora del día para mí, cuento
desesperado una tras otra hasta que llega el momento en ver aquella magnifica
imagen.
Aquella maceta es el único recuerdo físico que tengo
de él… mi vida en casa gira en torno a cuidarla y protegerla, tanto como lo
hubiese cuidado a él.
En uno de tantos viajes que había tenido a América
la adquirió y la trajo hasta a mí, dijo que era para que aprendiera a ser
responsable, siempre que la encontraba descuidada, me castigaba no hablándome
por dos días… no sé cuál era su manía, pero siempre fueron dos días; hasta que
comencé a pensar que no lograba nada con eso y fui poniendo más atención en el
cuidado de esta planta.
Esta fue recuperando su vida y creció tanto como no
lo había hecho en medio año que llevaba de tenerla, debía esperar hasta la
noche para poder ver sus flores en todo su esplendor y admirar aquel aroma que,
aún hoy, me deja embobado… así como con él, debía esperar a la noche para estar
en compañía de esa admirable persona sin obstáculo alguno; para amarlo sin
reparo de lo que dijera el mundo.
Justo en este momento en el que poso las yemas de
mis dedos sobre estos delicados pétalos, le recuerdo… recuerdo cuando hacía lo
mismo con él, con mi amado Takanori, tan delicado que a veces me daba miedo
dañarlo, aquella piel tan pálida que recorrí una y otra vez con mis dedos… se
sentía así de suave como estos pétalos blancos, esta corola tan amarillenta que
me recuerda sus rubios cabellos teñidos, hermosos, atrayentes, cumplían a la
perfección la función de esta corola: atraer.
Eso pasaba siempre que mi Taka iba de aquí a allá,
la gente no lo aceptaba, como a esta hermosa planta, lo excluían, como a esta
planta se le debe excluir para que no acabe con
las demás. Probablemente todos tenían ese miedo, hasta yo acepto haberlo
tenido en algún momento… Takanori era tan hermoso y poderoso a la vez que a
cualquiera le daba miedo acercarse por miedo a ser devorado por tanta
majestuosidad que le acompañaba a mi amado a cada lugar donde iba.
Eso es a lo que los seres humanos llaman envidia
¿verdad? Pero a él no le importaba, él sólo estaba para mí, le importaba sólo
lo que yo pensaba… qué dichoso de mí, aunque en aquel momento no supe
apreciarlo como debí.
Mucha gente me lo dijo «Takanori terminará absorbiéndote» eso era lo que más deseaba, que Takanori me
extinguiera con su belleza de este mundo.
Recuerdo las tantas noches que regué esta planta en
su compañía, me decía cómo hacerlo y se quedaba para cerciorarse que yo lo
hiciera bien, debo confesar, a veces sentía miedo de hacerlo mal; y es que él
ponía una mirada tan seria, altanera,
sumamente penetrante cuando me veía haciendo esta tarea que ahora
realizo en soledad… no, no creo que sea en soledad, aún siento esa mirada en mí que me dice que debo
hacerlo bien… sino, él no me hablará en dos días… como en aquellos tiempos
cuando era tan irresponsable.
Quizás Takanori quería prepararme, sabía que se iría
de mi lado y sabía que yo era un chiquillo malcriado que contestaba negativamente
a todo y que aparte sentía una apatía hacia el mundo tremenda, debió haber
querido enseñarme el sentido de responsabilidad… y lo hizo con esta planta,
planta que ahora es mi única compañía, la única que me importa mantener y es
que en ella reside la esencia de Takanori… tan hermosa y tan dañina para los
demás de su especie, pero una vez llegada la noche mostraban su belleza sólo
para los que eran merecedores de verla… en este caso, yo tuve ese privilegio.
Mis padres se extrañan que yo aún cuide tanto a esta planta, saben
que Takanori lo trajo de sus viajes y que a él le gustaba mucho… pero no saben
de la promesa que le hice al pie de esa cama de hospital un año atrás.
«La
cuidaré, vivirá conmigo siempre… no la dejaré morir».
Nunca me importó ser opacado por él… aún ahora
surgen ciertas comparaciones de vez en cuando por nuestros padres, pero él era
así, mi hermano era así… tan perfecto que nadie podrá alcanzarlo… y yo, Ryoga,
mucho menos; pero sé que él me amaba así, con más defectos que virtudes… sé que
la gente se preguntaba por qué éramos tan diferentes siendo hermanos… «Es una locura que dos hermanos sean
iguales, ni los gemelos lo son», me contestó una de las tantas veces en las
que yo lloraba porque quería ser como él; era un chiquillo ingenuo.
Ah, Takanori; esta planta terminó significando más
para mí de lo que creí, esa era tu intención ¿verdad?
Esta dama de
noche es especial en mi vida, así como Takanori lo es.
Mi Takanori era tan hermoso y dañino a la vez, con
una esencia tan embriagante que hipnotizaba a cualquiera.
Como esta planta… esta hermosa planta que ahora
reluce sus flores para mí.
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